El arzobispo de Piura y Tumbes, Jose Antonio Eguren es el Pedro Chávarry de la Iglesia: no solo no es capaz de asumir la tapadera de violadores y maltratadores que ha sido su congregación, el Sodalicio, y pedir perdón, si no que está utilizando un instrumento legal (la querella por difamación) para perseguir y acallar a los periodistas Pedro Salinas y Paola Ugaz, que solo han contado la verdad: que aunque lo niegue y use sus influencias, Eguren fue una pieza clave en el desarrollo del Sodalicio. Estuvo al mando cuando se cometieron estos atropellos y maltrató a varios jóvenes. Esto es aún más doloroso y bochornoso si pensamos en que Salinas es una víctima del Sodalicio, que sufrió maltrato físico y psicológico y que debe revivir toda esa violencia ahora con la violencia judicial que está recibiendo solo por hacer su trabajo y buscar justicia para él y para los demás.


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